Cambiar no es malo, solo hay que probarlo con ganas

Cuando hablo de GNU/Linux, open source o software libre en general, sobre todo si es con profanos, generalmente la respuesta a la pregunta ¿quieres probar Linux? suele ser un NO rotundo y absoluto. Las razones de esta respuesta suelen orbitar entorno al cambio y sus daños colaterales. Básicamente cosas del estilo

  • deja, deja, yo ya estoy bien así
  • a mi no me líes
  • vaya palo
  • etc.

Pues he de reconocer que yo he sido de estos hasta hace unas semanas. Casi por casualidad me obligué a probar una cosa nueva, me ha costado un poco, pero a los pocos días las diferencias que al principio me parecían insalvables, resulta que no lo son tanto.

A poco que me hayáis seguido sabréis que yo soy de Debian, en concreto de Debian con gnome. Y por supuesto con las modificaciones mínimas indispensables.

Pues resulta que la gente de gnome desde hace unos años están siguiendo la línea de adelgazar al máximo el entorno de escritorio y dejarlo en su mínima expresión. Para esto alegan, resumiendolo mucho, que demasiados componentes independientes acaban por estorbarse entre ellos, causando problemas de estabilidad. Y tienen su parte de razón.

Hasta ahora esta situación era más o menos manejable, pero el caso es que desde hace unos meses les ha dado una especie de locura y están sometiendo a gnome a una dieta totalmente insana. Y esto ya empezaba a disgustarme. Hasta el punto de tener algunos problemas con las configuraciones básicas que antes hacia con un par de clicks.

Hace un par de semanas decidí darme un capricho y me compre un disco duro solido. Con lo que tras cambiarlo llego el momento de instalar el sistema. Y en lugar de bajarme la ISO del DVD de Debian me baje la versión Netinstall. La quemo en el disco…., empiezo la instalación y de repente me pregunta por el entorno de escritorio. Y aquí viene lo bueno, casi sin pensar voy y marco la opción de KDE.

Justo al momento de darle a intro me entró el pánico y empezaron los sudoers frios, este es un chiste para iniciados 🙂 . Una vez finalizada la instalación pensé en darle una oportunidad, al fin y al cabo gnome me estaba empezando a desagradar. Y la prueba que hice con KDE Neon (aquí) hace unos meses fue bastante bien.

 

Definitivamente KDE es mi nuevo entorno de escritorio.

Este es el motivo que me llevo hace unos días a publicar el siguiente tweet en donde me proponía probar, pero probar de verdad, KDE Plasma. Pensaba darme un mes de plazo, pero lo cierto es que no necesito más tiempo.

He de confesar que los primeros días fueron algo complicados. Pero al cabo de 3 o 4 días las cosas empezaron a funcionar. Empezaba a aprenderme los atajos de teclado y empezaba a perder algunos de los hábitos adquiridos con gnome.

Lo cierto es que KDE es muy, muy, pero que muy personalizable y como ya sabéis tantas opciones me abruman, aunque sinceramente la falta de ellas en gnome tampoco es la solución, sobretodo últimamente que van desapareciendo.

Tras estas dos semanas de prueba mi opinión es que gnome es el entorno ideal para un usuario doméstico de perfil bajo. Es decir un usuario que usa el ordenador para navegar por internet, ver el facebook, escuchar música o ver videos. KDE por el contrario lo veo más apropiado para entornos de producción, entornos de oficina o usuarios más avanzados.

Reconoco que yo soy una persona de costumbres bastante fijas y cosas como el distrohooping no me convencen. Pero cambiar de vez en cuando no está mal. Solo hay que probarlo, pero probarlo con ganas.

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