Había una vez, una chica que vivía en un pueblo muy muy lejano, la chica se llamaba Alicia pero la llamaban Alice.
Ella no podía permitirse una cesta de frutas o de verduras a la semana ya que en esos tiempos las personas machistas no permitían que las mujeres trabajaran y lo peor es que ella no tenía ningún hombre que la mantuviera ni que le ayudara a conseguir cosas del hogar.
Un día normal en su pueblo vinieron unas señoras ancianas a anunciar que la semana siguiente iba a llegar un tal príncipe Eric a ofrecer trabajo a los hombres de la ciudad. A Alice se le ocurrió una gran idea.
Fue a casa de su vecina a cambiar un vestido de seda por algunas prendas de su marido para que Alice se disfrazara de chico para poder acceder a uno de esos trabajos que propondría el príncipe.
A la semana siguiente, cuando llegó el príncipe Eric a ofrecer trabajo, ella se le acercó para hablarle y decirle que si le podía dar un trabajo fijo, que no fuera temporal.
El príncipe Eric le dijo:
– Claro que sí, pero necesito saber si usted tiene vivienda y cuales es su situación económica.
Alice se puso nerviosa ya que él no podía saber donde ella vivía porque habría posibilidades de que la descubrieran.
A pesar de todo, salió todo perfecto ya que el príncipe Eric no sospechó nada de la casa de Alice. Al día siguiente pasó un grupo de señores de parte del príncipe Eric a recoger a los hombres del pueblo que habían conseguido trabajo en la ciudad. Alice ya estaba lista para colarse en la carroza donde iban los trabajadores disfrazada de chico.
Los señores no sospecharon nada. El trabajo era en un almacén de alimentación empaquetando cestas de comida, etc.
A los días Alice robaba comida todos los días en el trabajo, hasta que un día el príncipe Eric, que era el jefe, la descubrió echando comida en un saco extraño. El le pregunto:
– ¿Qué llevas ahí?
Ella dijo: – Nada, solo estoy haciendo mi trabajo.
Y el príncipe Eric replicó: – ¿En un saco? ¿No estarás robando, no?
Alice ya sabía que la habían descubierto, así que cogió el saco y salió corriendo, mientras que el príncipe Eric la seguía con su caballo blanco.
Cuando Alice llegó a su pueblo, la terminaron atrapando los sirvientes del príncipe y le quitaron el sombrero que le cubría su precioso cabello castaño y lacio.
El príncipe Eric le pregunto porqué se disfrazó de chico y ella le respondió con tristeza que era porque no tenía nada para comer, ni dinero para ropa, ni nada de nada.
El príncipe Eric se enamoró de su sinceridad y de su belleza yle ofreció matrimonio y ella muy feliz le dijo que sí.
Al tiempo de vivir juntos se amaron profundamente.
Alice se convirtió en princesa y no le volvió a faltar nada el resto de su vida, y así acaba la gran historia de Alice.
Adriana Gavarrete Martínez (categoria juvenil)