Día y noche
Con tan solo nueve años se levantaba con la luna. Encendía la candela calentándose la camisa, sus manos y los pies, se tomaba la leche con migas.
Un día más emprendía su camino, llenaba el cántaro de agua y lo aguantaba según podía apoyado en su cuerpo.
A las doce del medio día, caía un sol de sentencia. Los labradores gritaban ¡¡Bartolo!! agua, con su sombrero grande de paja y el cántaro iba una y otra vez, pisando la tierra y pedruscos.
Al terminar la jornada, volvía a casa con algún botón de menos en la camisa remendada.
Cuando pudo ver con claridad, envolvió el colchón y cogió el jarrillo de lata y sin mirar atrás… emprendió un nuevo camino.
Llegando a un mar Mediterráneo, rodeado de fábricas, donde los pescadores remendaban sus redes, los niños jugaban plácidamente en la playa. ¡Y aquí se quedó! Por siempre, frente al mar que lo vio llegar, con ilusión y esperanzas.
Rosario Peinado Obrero, categoria adults