{"id":53,"date":"2016-03-01T20:56:52","date_gmt":"2016-03-01T19:56:52","guid":{"rendered":"http:\/\/llefia.org\/blog\/albasocial1916\/?page_id=53"},"modified":"2016-03-01T20:56:52","modified_gmt":"2016-03-01T19:56:52","slug":"capitol-2","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/llefia.org\/wpalbasocial1916\/capitol-2\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo 2; De la c\u00e1rcel al destierro"},"content":{"rendered":"<p>De la c\u00e1rcel al destierro<\/p>\n<p>Nos encontramos en el invierno de 1919. Me visita una delegaci\u00f3n de campesinas del vecino pueblo de El Arahal. Me informan de la situaci\u00f3n econ\u00f3mica y social en que viv\u00edan, y que deseaban constituirse en sociedad, a lo cual se opon\u00edan sistem\u00e1ticamente las autoridades locales, presionadas por la patronal. Tenemos un largo cambio de impresiones, y termino redact\u00e1ndoles estatutos y Cap\u00edtulo 2<\/p>\n<p>dem\u00e1s documentaci\u00f3n que les era necesario, seg\u00fan la Ley de Asociaciones por entonces existente, dirigida al gobernador civil de la provincia, documentaci\u00f3n que fue seguidamente aprobada por encontrarse dentro de la estrictamente legal. Y aquellos obreros se re\u00fanen en asamblea constitutiva, y se ponen en marcha, dando satisfacci\u00f3n a sus deseos de verse organizados.<\/p>\n<p>El gesto de aquellos humildes campesinos no pod\u00eda ser tolerado por los enemigos seculares de la clase trabajadora. Pues seguidamente fueron llamados al cuartel de la guardia civil todos los que hab\u00edan sido elegidos para la junta directiva de la sociedad, y maltratados b\u00e1rbaramente hasta hacerles brotar la sangre del cuerpo, en cuyo lamentable estado se personaron varios de ellos en mi residencia a altas horas de la madrugada, un d\u00eda del mes de marzo de 1920, si la memoria no me es infiel; los atiendo y curo sus heridas, teniendo a uno de ellos durante un mes en mi domicilio, Antonio G\u00f3mez Montero. La desagradable impresi\u00f3n sufrida me impuls\u00f3 seguidamente a redactar unas cuartillas con el t\u00edtulo de \u201cB\u00e1rbara represi\u00f3n en El Arahal\u201d, que envi\u00e9 a <em>Espa\u00f1a Nueva<\/em>, peri\u00f3dico que publicaba en Madrid Rodrigo Soriano, que me vali\u00f3 un proceso por el supuesto delito de falsedad e injurias al ej\u00e9rcito. El proceso fue incoado por uno de los juzgados militares, permanentes en la capital de Espa\u00f1a, a cargo de un coronel auditor de Guerra, ante el que prest\u00e9 declaraci\u00f3n por exhorto, por medio del juzgado militar de mi residencia, el cual, al ratificarme yo en el contenido de la denuncia, me hizo ingresar en la c\u00e1rcel, poni\u00e9ndome a disposici\u00f3n del juzgado de Madrid.<\/p>\n<p>Nos encontr\u00e1bamos en los primeros d\u00edas de agosto. En aquellos tiempos exist\u00edan las conducciones de presos por carreteras y caminos vecinales, y las comandancias de la guardia civil ten\u00edan establecidas las fechas de las conducciones y lugares de las entrevistas de parejas, de distintos t\u00e9rminos municipales. Los municipios ten\u00edan un <em>bagajero <\/em>con una bestia, para el traslado del preso que por enfermedad, etc., se ve\u00eda impedido, para hacerlo con sus propios pies. Llega la hora de mi conducci\u00f3n ordinaria por carretera, como el m\u00e1s vulgar de los delincuentes, nada menos que desde la ciudad de Mor\u00f3n de la Frontera a la c\u00e1rcel Modelo de Madrid, en la Moncloa, teniendo que andarme toda la provincia de Sevilla, C\u00f3rdoba, Ciudad Real, Toledo y Madrid, entre parejas de la guardia civil, generalmente a caballo. Padec\u00eda de hernia inguinal aguda, y el aparato digestivo funcionaba mal, por lo cual me negu\u00e9 a marchar; entra en funciones el bagajero, y en las primeras horas de la ma\u00f1ana me sacan a la puerta de la c\u00e1rcel, con extraordinarias precauciones, me hacen montar en un cong\u00e9nere de la b\u00edblica burra de Bala\u00e1n, me ponen las esposas en las piernas, y en marcha hacia El Arahal, conducido por los se\u00f1ores guardias.<\/p>\n<p>Las parejas de la guardia civil de Puebla de Cazalla, Marchena, Paradas, Monte-Palacio, El Arahal y Mor\u00f3n de la Frontera celebran las entrevistas y se hac\u00edan entrega de presos en una hacienda al pie de la carretera, llamada \u201cOrbaneja\u201d, en el t\u00e9rmino de EL Arahal. La pareja de dicho pueblo no tuvo paciencia para esperar en el lugar de la entrevista la llegada a Mor\u00f3n con el preso, y a caballo sale al encuentro a regular distancia, deseosa de conocer y enfrentarse con el \u201cpeligroso sujeto\u201d que la hab\u00eda denunciado. Y con gestos y lenguaje que la pluma se resiste a describir, se manifestaron y obraron a placer, terminando con las amenazas, entre otras, de que mi paso por El Arahal quedar\u00eda grabado en mi memoria, porque me har\u00edan brotar la sangre del cuerpo. Me dirijo a la pareja de Mor\u00f3n que me conduc\u00eda, manifest\u00e1ndole que la hac\u00eda responsable de lo que all\u00ed estaba sucediendo.<\/p>\n<p>La prisi\u00f3n de El Arahal consist\u00eda en un inmundo gale\u00f3n, de muy reducidas dimensiones, completamente terrizo, con una peque\u00f1a ventana, que daba a un patinillo, en el fondo de la casa ayuntamiento, y del cual se desprend\u00eda un f\u00e9tido olor. Acabando de ingresar, empezaron a llegar las primeras muestras de afecto de los obreros de dicha localidad, haciendo acto de presencia con el prop\u00f3sito de veme, y acompa\u00f1ando algo de comido. Pero no pudieron conseguirlo, pues la autoridad local me hab\u00eda incomunicado. El bagajero de Mor\u00f3n, a su regreso por la noche al pueblo, \u201ccon la mayor reserva\u201d, refiri\u00f3 lo sucedido aquel d\u00eda en la conducci\u00f3n, y a las pocas horas era un secreto que lo conoc\u00eda todo el pueblo. Al d\u00eda siguiente, familiares y amigos de Mor\u00f3n se personaron en la prisi\u00f3n y no les fue permitido el verme, Veinticuatro horas despu\u00e9s recibo dos inesperados telegramas, que fueron como dos bombas para las autoridades locales. El primero de estos dos telegramas dec\u00eda as\u00ed: \u201cEnterado situaci\u00f3n. Tomo medidas. Env\u00edo giro telegr\u00e1fico pesetas 500. Un abrazo. Vallina\u201d. El segundo contaba como sigue: \u201cInformado de todo. Conf\u00ede en la Justicia. Juez Militar\u201d. Estos dos telegramas produjeron el natural revuelo y confusi\u00f3n entre las autoridades locales y, a la vez, un cambio radical en el ambiente hostil y enrareci\u00f3 que me rodeaba. Visitas a altas horas de la madrugada de las primeras autoridades, misterios, etc., todo lo cual me hac\u00eda pensar y preguntarme: \u00bfqui\u00e9n habr\u00e1n cre\u00eddo estos se\u00f1ores que soy yo? As\u00ed pasaron nueve fechas. El Arahal celebraba su fiesta de la Magdalena. El bagajero en la puerta del ayuntamiento, a primeras horas de la ma\u00f1ana, con una burra tan negra como una golondrina. La guardia civil me pregunta si hab\u00eda pensado en fugarme, a lo que recuerdo contest\u00e9 que se limitasen a cumplir con sus deberes, y no me preguntasen tonter\u00edas. Monto en el bagaje, y en marcha hacia Alcal\u00e1 de Guadaira. A la salida de la poblaci\u00f3n, y durante todo el trayecto, hasta la prisi\u00f3n de Alcal\u00e1, marchaban grupos de obreros de Mor\u00f3n, dispuestos, al parecer, a que o se repitiera el caso del primer d\u00eda de conducci\u00f3n. Y he de confesar que este gesto de solidaridad de mis paisanos me hizo pasar el d\u00eda m\u00e1s amargo de mi vida, s\u00f3lo en pensar lo que pod\u00eda suceder. Es de suponer que la pareja se dio perfecta cuenta de la situaci\u00f3n. Y se limit\u00f3 al cumplimiento estricto de su cometido. No llega a tiempo la pareja de Alcal\u00e1 de Guadaira, por lo que la de El Arahal tuvo que conducirme hasta El Gandul. Tras breve descanso, la pareja de El Arahal regresa a su punto de partida, despu\u00e9s de haber hecho entrega oficial del preso a la de Alcal\u00e1 de Guadaira, la cual, sea dicho en honor de la verdad, estuvo correcta, afable y algo comunicativa.<\/p>\n<p>Familiares y obreros moronenses hab\u00edan llegado antes a Alcal\u00e1 de Guadaira, y se encontraba estacionados a la puerta de c\u00e1rcel, con la natural expectaci\u00f3n por parte de los vecinos de dicho pueblo. Se presenta el carcelero, que se hace cargo del preso, y seguidamente hace entrar a los que esperaban a la puerta, para comunicar conmigo. Acto seguido, se presenta el m\u00e9dico forense, que tambi\u00e9n mi llegada, el cual, despu\u00e9s de un breve cambio de palabras, comunica al carcelero que el preso no pod\u00eda salir nuevamente, en conducci\u00f3n ordinaria por carretera, sin su autorizaci\u00f3n, porque mi estado de salud no lo permit\u00eda, lo que comunicar\u00eda a la comandancia del puesto de la guardia civil para que supiera a qu\u00e9 atenerse. Hay, en fin, un cambio radical en mi situaci\u00f3n de recluso.<\/p>\n<p>Me encuentro en uni\u00f3n de uso cuantos desgraciados golfillos, amigos de lo ajeno, detenidos por orden gubernativa, que se pasaban el tiempo en reyertas, o jug\u00e1ndose los c\u00e9ntimos del socorro que les pasaba el ayuntamiento, con el entretenido juego del piojo.<\/p>\n<p>Consigo que a estos detenidos les sea aumentado el socorro, que les sean servidas comidas calientes, que se les proporcionara medios para sus aseos personales, y que se tuviera en cuenta, a pesar de sus muchos defectos, que eran seres humanos, v\u00edctimas de la propia sociedad en que viv\u00edamos.<\/p>\n<p>Tres d\u00edas despu\u00e9s, recibo la visita de mi madre, mi esposa, con el \u00fanico hijo que ten\u00edamos en aquella fecha, de un a\u00f1o de edad. En la misma prisi\u00f3n, pernoctaron dos d\u00edas con la familia del carcelero.<\/p>\n<p>Transcurrieron los d\u00edas en un ambiente de bonanza, sin otra preocupaci\u00f3n por mi parte que las consecuencias de aquel injusto proceso, que me hab\u00eda privado de libertad y del trabajo que me permitiera hacer frente a las necesidades econ\u00f3micas de la numerosa familia que ten\u00eda a mi cargo. Yo hab\u00eda de salir en conducci\u00f3n por carretera, en una tercera etapa, desde Alcal\u00e1 de Guadaira hasta Carmona. Llevaba aproximadamente un mes en la prisi\u00f3n de Alcal\u00e1, ignorando en absoluto lo que pudiera estarse gestionando para mi traslado a Madrid. Y una ma\u00f1ana, me hallaba sentado en el patio de la prisi\u00f3n, en uni\u00f3n del carcelero, leyendo <em>El Liberal<\/em> de Sevilla que me hab\u00eda tra\u00eddo, y coment\u00e1bamos la noticia que publicaba dicho peri\u00f3dico, relacionada con la muerte, en atentado terrorista, del gobernador civil de Valencia, se\u00f1or Salvatierra. El carcelero acude el cuerpo de guardia a una llamada de alguien que hab\u00eda llegado, qued\u00e1ndome solo, y a poco regresa precipitadamente, y me informa que una pareja de la guardia civil me esperaba para conducirme sin demora a Sevilla, a presencia del gobernador civil, en el primer tren que saliera para la capital, o en un coche, si el tren ya hubiese salido. Mas me informa que el jefe del puesto de la guardia civil se hab\u00eda negado en principio a cumplir esta orden del gobernador, mientras no le fuera transmitida por medio de su superior jer\u00e1rquico, y que me sacar\u00eda en conducci\u00f3n ordinaria con la fecha y el itinerario previsto; cruz\u00e1ndose \u00f3rdenes y telegramas entre el gobernador civil y el comandante del puesto, de todo lo cual la pareja le hab\u00eda informado al carcelero. Por los pelos pudimos coger el tren, y a la una de la tarde me encontraba en presencia del gobernador civil, el cual, despu\u00e9s de haberme interrogado de lo que deseaba saber, me comunica que tendr\u00eda que pasar u os d\u00edas en la c\u00e1rcel provincial de Sevilla, mientras se tramitaba mi traslado a Madrid, por ferrocarril y por cuenta del Estado.<\/p>\n<p>Con el nombre de \u201cEl P\u00f3pulo\u201d era conocida la prisi\u00f3n provincial de Sevilla, un vetusto e inmundo caser\u00f3n en inminente ruina, refugio de millones de insectos de todas las especies, encargados de hacer la vida imposible a cuantos ten\u00edan la desgracia de ser hu\u00e9spedes forzosos de la misma. Fue derruida en los a\u00f1os de la rep\u00fablica, una vez construida la nueva prisi\u00f3n provincial, en las proximidades de la Cruz del Campo. En su lugar existe hoy el mercado de Entradores.<\/p>\n<p>En el llamado patio chico de la prisi\u00f3n \u201cEL P\u00f3pulo\u201d, exist\u00eda una brigada para los presos pol\u00edtico-sociales, y, al fondo, un reducido calabozo, donde reclu\u00edan a los que hab\u00edan de cumplir los quince d\u00edas de arresto gubernativo, como igualmente a los que ingresaban por otras causas, mientras no eran reconocidos por el m\u00e9dico de la prisi\u00f3n. Y en este departamento de los quincenarios se me da ingreso, en uno de los d\u00edas del mes de agosto del a\u00f1o 1920, a las dos de la tarde, y bajo un calor asfixiante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los reclusos se hallaban rindiendo culto a la siesta. No me quedaba m\u00e1s alternativa que, o permanecer de pie, mientras pudiera resistirlo, o tirar la manta al mugriento suelo y sentarme o echarme sobre la misma; y opt\u00e9 por esto \u00faltimo. Poco tard\u00e9 en ser atacado en tromba por un poderoso ej\u00e9rcito de insectos rojos, entre los cuales no faltaba una buena cantidad de piojos. Se me ocurre la ingenuidad de hacer palmas y llamar al oficial de prisiones de servicio, que acudi\u00f3 malhumorado, por haberle perturbado la siesta.<\/p>\n<ul>\n<li>\u00bfQu\u00e9 quieres?- me pregunta.<\/li>\n<li>S\u00f3lo manifestarle mi deseo de salir de este inmundo departamento sin demora, pues en caso contrario creo se me tendr\u00e1 que hacer una transfusi\u00f3n de sangre &#8211; le dije.<\/li>\n<li>A lo mejor cre\u00edas t\u00fa que ven\u00edas destinado al hotel Alfonso XIII. A la prisi\u00f3n se viene a sufrir y no a gozar. Mas, como no tienes nada que hacer, te entretienes en defenderte, como puedas, de los insectos que te ataquen, mat\u00e1ndolos- me contest\u00f3.<\/li>\n<li>Consider\u00e9 in\u00fatil discutir con aquel insensible oficial de presiones, y cort\u00e9smente le ped\u00ed disculpas por las molestias que le hubiese producido.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Algunos de los presos sociales se hab\u00edan dado cuenta de esta discusi\u00f3n, se hab\u00edan asomado al patio y me hab\u00edan reconocido. S\u00fabitamente aparece en la puerta de galer\u00eda o brigada el viejo militante de la CNT, Roque Garc\u00eda, que llama al oficial de prisiones, y consigue del mismo que me saquen del departamento de los \u201cquincenarios\u201d, y me pasen con ellos, con lo que termin\u00f3 la batalla de las chinches.<\/p>\n<p>Roque Garc\u00eda se encontraba detenido por supuestos intrusismo en la labor de magisterio, pues sol\u00eda dedicarse a ir por los campos, dando lecciones de instrucci\u00f3n primaria a los hijos de los campesinos, sin haber sido autorizado para ello. Era frecuente ver ir hombres a la c\u00e1rcel por dedicarse a ense\u00f1ar al que no sabe y con m\u00e1s motivos, si estos hombres se hallaban fichados, como idealistas de izquierdas, y no se deten\u00edan a ense\u00f1ar el catecismo de la religi\u00f3n cristiana, obedeciendo al propio deseo de los hombres del terru\u00f1o, de que sus hijos aprendiesen a leer, escribir, y los cuatro reglas de la aritm\u00e9tica, lo que para ellos ocup\u00f3 siempre un lugar preferente a todo lo dem\u00e1s en la ense\u00f1anza de sus hijos.<\/p>\n<p>Los presos sociales estaban considerando la sugerencia, hecha por uno de ellos, de llevar a cabo una protesta por su detenci\u00f3n, empleando el arma de la huelga del hambre, que por aquellos tiempos estaba de moda, y cuya eficacia no lleg\u00f3 nunca a convencerme, Expuse sobre esto mi punto de vista, y pude persuadirlos de desistieran de sus prop\u00f3sitos. Y quiero recordar que el propio Roque Garc\u00eda participaba de mi opini\u00f3n.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas de encontrarme en \u201cEl P\u00f3pulo\u201d me sacan en conducci\u00f3n par Madrid, llegado a dicha capital al d\u00eda siguiente de mi partida. En la estaci\u00f3n del Mediod\u00eda, invito a la pareja que conduc\u00eda a coger un coche, y en poco tiempo me encontr\u00e9 e la Moncloa y recluido en la c\u00e1rcel Modelo, ocupando la celda 54 del piso quinto. Efectivamente, aquella era una prisi\u00f3n modelo, en proporci\u00f3n a las que hab\u00eda visitado en Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, soy conducido en la prisi\u00f3n a presencia del juez militar que instru\u00eda mi expediente, un teniente coronel, el cual, al veme llegar, se levanta y me saluda con toda deferencia, como igualmente su secretario, que era un sargento. El juez me pregunta qu\u00e9 me hab\u00eda sucedido para tardar tanto en llegar a Madrid, que si hab\u00eda estado enfermo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>-Algo he habido de esto \u00faltimo, pero ello no es el motivo de mi tardanza en llegar a esta prisi\u00f3n. Es que me sacaron en conducci\u00f3n ordinaria por carreteras y caminos vecinales, hasta que por orden del gobernador civil de Sevilla, y despu\u00e9s de unos d\u00edas de reclusi\u00f3n en la c\u00e1rcel provincial de aquella capital, soy conducido a \u00e9sta por el ferrocarril, en veinticuatro horas justas de viaje, De haberse llevado mi conducci\u00f3n como empez\u00f3, hubiera tardado unos cuatro meses en llegar a Madrid.<\/p>\n<p>Tras una entrevista con el capit\u00e1n general, se me concedi\u00f3 la libertad provisional. El proceso sigui\u00f3 su curso ordinario, y fui citado a comparecer en el juzgado militar de Madrid, que, si no recuerdo mal, ten\u00eda su sede en el n\u00famero 3 de la glorieta de Bilbao. Pues el expediente a\u00fan no hab\u00eda pasado a plenaria, y se hallaba en poder del juez instructor.<\/p>\n<p>Comparezco en la fecha que se me citaba, como igualmente mi abogado se\u00f1or Matilla.<\/p>\n<p>El juez me comunica: \u201cEsto marcha para usted. Tenga la bondad de leer este documento\u201d. Se trata de un informe de las autoridades de El Arahal, con las firmas de los campesinos a que yo hac\u00eda menci\u00f3n en el art\u00edculo denunciado de haber sido maltratados por la guardia civil, y todos hab\u00edan negado los hechos ocurridos, por lo que yo s\u00f3lo \u201cinjuriaba\u201d al ej\u00e9rcito, sino que tambi\u00e9n incurr\u00eda en delito de \u201cfalsedad\u201d. As\u00ed, pues, las v\u00edctimas por m\u00ed defendidas, que gozaban de libertad, se hab\u00edan retractado de todo cuanto pod\u00eda poner en evidencia y perjudicar a sus verdugos.<\/p>\n<p>Manifest\u00e9 al juez que algo anormal ten\u00eda que haber sucedido en la redacci\u00f3n de aquel informe, como coacciones, promesas, amenazas, etc., lo que pondr\u00eda en claro tan pronto regresar a Andaluc\u00eda, y que aquellos hombres no ser\u00edan capaces de negar, en mi presencia, lo que personalmente me hab\u00edan denunciado. Mas prometo volver en el plazo de un mes, o enviar por mi cuenta un informe, en concepto de descargo, con la firma en mi presencia de estos campesinos.<\/p>\n<p>Vuelvo de nuevo para Andaluc\u00eda, cargado de preocupaciones, propias de mi inexperiencia en estos trances, y de la situaci\u00f3n de mi familia en la pobreza.<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s de mi llegada, una tarde, despu\u00e9s de mi jornada de trabajo, en vez de regresar a Mar\u00f3n, me dirijo a El Arahal, a tres leguas de distancia, a donde llegu\u00e9 bien entrada la noche, cansado del trabajo y del camino. Me dirijo a casa del obrero Antonio G\u00f3mez Montero, principal protagonista de aquel drama, al que yo hab\u00eda tenido un mes en mi domicilio. Le explico el objeto de mi presencia all\u00ed, y que sin demora reuniera a los dem\u00e1s interesados. Media hora despu\u00e9s, me encontraba reunido con Antonio G\u00f3mez, su cu\u00f1ado Francisco Caro, Francisco Rodr\u00edguez, y dos m\u00e1s, cuyos nombres ahora no recuerdo.<\/p>\n<p>Fueron, para m\u00ed, momentos embarazosos, de contrariedad y de pesar, por cuanto sin otro remedio ten\u00eda que censurar a aquellos hombres por la debilidad que hab\u00edan demostrado al firmar, ante los mismos elementos de las autoridades locales que los hab\u00edan maltratado tan b\u00e1rbara y cruelmente, unas declaraciones en las que negaban totalmente lo que en mi propio domicilio me hab\u00edan denunciado.<\/p>\n<p>Requer\u00ed a aquellos campesinos a que me contasen, sin temor alguno, la verdad de lo sucedido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antonio G\u00f3mez inform\u00f3, en nombre propio y de todos los all\u00ed presentes en la forma siguiente:<\/p>\n<p>-Hemos sido llamados separadamente, para la firma de este documento de que nos hablas, que ya ten\u00edan escrito. En esta ocasi\u00f3n, al presentarnos, se nos ha tratado con relativa y rara amabilidad, y de paso dijeron lamentar cuanto hab\u00eda sucedido. Nos manifestaron que el precio de tu libertad y la anulaci\u00f3n del proceso consist\u00eda en la firma por nuestra parte de la declaraci\u00f3n que no presentaba, a lo que ellos se compromet\u00edan formalmente si \u00e9ramos razonables y firm\u00e1bamos el documento, con lo cual tan lamentable incidente terminar\u00eda favorablemente para todos. Y la realidad es que hemos obrado de forma insensata al firmar un documento, cuyos alcances desconoc\u00edamos; y lo peor, por nuestra parte, sin consultarte para nada.<\/p>\n<p>Habl\u00e9 por mi parte en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>-Mis queridos amigos, es dif\u00edcil poder admitir tanta ingenuidad por vuestra parte, Hab\u00e9is olvidado que el lobo jam\u00e1s suelta al cordero, cuando lo tiene preso entre sus garras, sin haber saciado en su v\u00edctima su feroz instinto; y hab\u00e9is ca\u00eddo en la trampa que habilidosamente os han tendido. La \u00fanica defensa que yo pod\u00eda tener es la de poder demostrar la verdad de lo que vosotros me denunciasteis y, al ser negada por vuestra parte, toda defensa se me ha evaporado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un breve cambio de impresiones, terminamos redactando un documento, en el cual se ratificaban y daban por rigurosamente cierto cuanto yo hab\u00eda denunciado en el art\u00edculo, que hab\u00eda motivado mi proceso. Igualmente, se hac\u00eda constar en aquel documento que, si bien hab\u00edan firmado, anteriormente otra declaraci\u00f3n ante las autoridades del El Arahal, hab\u00eda sido en virtud de haberles asegurado que ello ero el precio que hab\u00eda de pagarse por mi libertad y anulaci\u00f3n del proceso.<\/p>\n<p>De madrugada parto de nuevo a mi lugar de trabajo, en el t\u00e9rmino de Mor\u00f3n. Cuarenta y ocho horas sin conocer el descanso\u2026<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, remito a mi abogado, se\u00f1or Matilla, el ya mencionado documento, que yo supon\u00eda elemento de defensa en mi favor.<\/p>\n<p>Un mes despu\u00e9s comparezco de nuevo al juzgado en Madrid, acompa\u00f1ado de mi abogado. El juez se siente algo molesto, comunic\u00e1ndonos que los firmantes de los dos informes contradictorios ser\u00edan citados a comparecer ante el juzgado en mi presencia, como igualmente los elementos de las autoridades a que se hac\u00eda menci\u00f3n en el art\u00edculo denunciado, y que, posiblemente, las puertas de la c\u00e1rcel se abrir\u00edan para aquellos que se comprobase hab\u00edan mancillado la ley y la justicia, cualquiera que fuese su posici\u00f3n social, por cuanto las leyes en nuestro pa\u00eds, afortunadamente, son iguales para todos.<\/p>\n<p>-Menos para los caciques de Andaluc\u00eda- objet\u00e9-.Y perdone la franqueza. Es m\u00e1s, los campesinos firmantes de esos dos informes, que en uno niegan lo que afirman en el otro, v\u00edctimas de su esclavitud econ\u00f3mica y de su ignorancia, comparecer\u00e1n por grado o por fuerza, al lugar que se les cite, y se abrir\u00e1n para ellos las puertas de la c\u00e1rcel; pero disp\u00e9nseme que ponga en duda que pueda su se\u00f1or\u00eda conseguir lo mismo con esos se\u00f1ores de las autoridades. Podr\u00eda citarle infinidad de ejemplo en favor de mi opini\u00f3n. Aqu\u00ed, por lo visto, hace falta un responsable, sobre el cual se descargue todo el peso de la ley, y ese responsable lo tiene usted presente, Retiro, si ello es posible, ese documento de descargo. Por mi parte, todo ha terminado\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente regreso a Andaluc\u00eda. Y en la \u00faltima quincena de abril, soy citado para comparecer al consejo de guerra, que hab\u00eda de tener lugar en la primera decena de mayo.<\/p>\n<p>En Prisiones Militares, sita en la plaza de San Francisco, se re\u00fane el tribunal militar una ma\u00f1ana del mes de mayo, y dicta sentencia con arreglo a la petici\u00f3n fiscal: dos a\u00f1os, cuatro meses y un d\u00eda de presi\u00f3n correccional. Firmo la sentencia, y al d\u00eda siguiente, parto para Andaluc\u00eda, desorientado, y con la natural preocupaci\u00f3n, no por el temor a tener que hacer vida de recluso, cumpliendo condena, sino por la numerosa familia a mi cargo, dependiente casi exclusivamente de mis ingresos como jornalero.<\/p>\n<p>Al llegar a mi residencia, informo en privado a varios familiares del resultado del consejo de guerra, y aconsejo a todos la mayor discreci\u00f3n sobre esto, pues por mi parte hab\u00eda de tomar una resoluci\u00f3n que representara un mal menor\u2026 y no cre\u00eda conveniente dar publicidad a la condena que me hab\u00eda sido impuesta, que me parec\u00eda injusta, y no quer\u00eda cumplir.<\/p>\n<p>Mi reacci\u00f3n fue algo lenta, pero concluyente, desestimando la sentencia de aquel tribual, e imponi\u00e9ndome a m\u00ed mismo una especie de destierro, por tiempo indefinido, con el pensamiento fijo en la Am\u00e9rica del Sur, de habla espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Me proveo de los documentos que pude conseguir, que me fueron insuficientes, para poder embarcar, de forma regular, con rumbo a la Argentina.<\/p>\n<p>Consigo matricularme en la marina mercante, pero pasan las semanas son conseguir plaza. No me queda otra alternativa que proporcionarme trabajo para poder subsistir.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, cojo el aparejo de pesca, y en la baja de la marea, me introduzco en el mar, por la entrada que conduce al fuerte o prisi\u00f3n militar de Santa Catalina, en la parte sur de la capital gaditana. Creo hab\u00eda perdido la noci\u00f3n del tiempo, sentado sobre una roca, son haber conseguido pescar ni un camar\u00f3n. Siento voces a mi espalda, vuelvo la cara, u era un hombre que me llamaba, se\u00f1al\u00e1ndome el peligro que corr\u00eda de continuar all\u00ed un minuto m\u00e1s, por cuanto quedar\u00eda envuelto por las aguas en la subida de la marea. Y si no hubiera sido por la oportuna intervenci\u00f3n del aquel bienhechor, todos mis problemas pendientes hab\u00edan quedado definitivamente resueltos\u2026<\/p>\n<p>Mientras se me presentaba la oportunidad de partir hacia lo que para m\u00ed representaba un mundo desconocido, concibo la idea de proceder a una reorganizaci\u00f3n de la Federaci\u00f3n Regional de Grupos de Andaluc\u00eda, y al nombramiento de nuevo Comit\u00e9 Regional. Que hab\u00eda estado a mi cargo, desde la fundaci\u00f3n de dicha organizaci\u00f3n. Y me entrego de lleno a esta labor, empleando para ello la prensa y la correspondencia.<\/p>\n<p>Me encuentro una noche en Chiclana de la Frontera, parado en la puerta de una taberna, y de un grupo de tres hombres, que hab\u00eda en medio de la calle, se desprende uno y me pregunta si deseo trabajar unos d\u00edas en la corta de la uva, a lo que contesto afirmativamente. Salimos de madrugada para el trabajo, y cuando nos fue de d\u00eda claro, reconozco entre el personal al compa\u00f1ero de Chiclana, Diego Rodr\u00edguez Barbosa. No nos dirigimos palabra hasta un momento en que nos encontr\u00e1bamos solos en el trabajo. El vi\u00f1edo era de su padre, y al verme por la noche en la puerta de la taberna y conocerme indic\u00f3 a uno de los que le acompa\u00f1aban que me dijese si deseaba trabajar\u2026 Terminada la vendimia con Barbosa, consigo trabajo en Obras P\u00fablicas, en la carretera de Isla de San Fernando a Puerta Real, y Chiclana de la Frontera a Medina Sidonia, durante el d\u00eda, y de guarda de las herramientas del personal y m\u00e1quina apisonadora durante la noche.<\/p>\n<p>Pas\u00e9 una larga temporada en continua meditaci\u00f3n y en lucha conmigo mismo. A veces me preguntaba: \u00bfqu\u00e9 raz\u00f3n exist\u00eda, por mi parte, para tantos quebraderos de cabeza?, \u00bfsoy acaso alg\u00fan profesional asalariado en el movimiento obrero espa\u00f1ol?, \u00bftengo establecido alg\u00fan contrato vitalicio con dicho movimiento?<\/p>\n<p>Pasaron los d\u00edas, las semanas\u2026 y tomaban fuerza en mi pensamiento la idea de abandonar Espa\u00f1a lo antes posible.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, me encontraba en una venta en la carretera de Puerto Real a San Fernando, con el ingeniero de Obras P\u00fablicas, el contratista de las obras, el capataz de la carretera y un pe\u00f3n caminero. Hab\u00edan tomado unas copas de vino. Y al partir, el pe\u00f3n caminero se introdujo en un departamento adjunto a la venta, en la que estaban preparando los productos de un cerdo que hab\u00edan sacrificado; y una joven le dio un papel con chicharrones, dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p>-Tome esto para Rosado.<\/p>\n<p>El caminero, al darnos alcance, me dijo:<\/p>\n<p>-Esto ser\u00e1 para usted. Al d\u00e1rmelo una joven me dijo: \u201cTome esto para Rosado\u201d. Le conocer\u00e1 a usted.<\/p>\n<p>&#8211; Posiblemente- le contest\u00e9.<\/p>\n<p>Se trataba de una especie de mote, o apodo. En el pueblo de mis padres, a una parcela de tierra cubierta de montes le llamaban una \u201croza\u201d. Y mi abuelo, como buen labriego y mejor trabajador, se dedicaba al desmonte de aquellas \u201crozas\u201d, para convertirlas en tierras de cultivo, por lo que le pusieron el mote de \u201cel t\u00edo Rosao\u201d, mote que hered\u00f3 mi padre de mi abuelo, y que he llegado yo a heredarlo. Eso es todo.<\/p>\n<p>Estos hechos, y otros an\u00e1logos, me daban a conocer que mi presencia por aquellas marismas era un secreto a voces, y que hab\u00eda que tomar una decisi\u00f3n definitiva, antes de que fuera demasiado tarde. Levanto el vuelo, y aterrizo una madrugada en mi domicilio, donde paso tres d\u00edas sin salir de mi habitaci\u00f3n. Y despu\u00e9s de haber visto a todos mis familiares, salgo de noche diciendo que volver\u00eda pronto. March\u00e9 de nuevo a la marisma, y poco despu\u00e9s, cojo un barco en C\u00e1diz, y a las setenta y dos horas desembarco en Las Palmas de Gran Canaria. Acabando de desembarcar, localizo a un capataz de los trabajadores del sindicato mar\u00edtimo en Puerto de la Luz, donde dej\u00e9 mi reducido equipaje. Montenegro, que era el referido capataz, me lleva a un hotel de un madrile\u00f1o, llamado don Vicente. En el hotel com\u00eda, y de noche dorm\u00eda en el sindicato, con una manta, encima de unas tablas. Me presentaron a un compa\u00f1ero, patr\u00f3n de un remolcador, llamado L\u00e1zaro Fuentes, y al maestro de la escuela existente en mismo sindicato. A todos comuniqu\u00e9 mis prop\u00f3sitos de partir cuanto antes para la Argentina y que, mientras no consegu\u00eda embarcar, me era imprescindible trabajar en lo que fuese, para poder hacer frente a mis necesidades, pues mi \u00fanico medio de vida era el trabajo, y que por ning\u00fan concepto consentir\u00eda vivir a costa de los dem\u00e1s, a o ser por un caso de fuerza mayor. Promesas de proporcionarme trabajo no faltaron, pero en promesa qued\u00f3 todo.<\/p>\n<p>El joven maestro de la escuela llevaba un trabajo agotador. Ten\u00eda establecidos tres turnos, terminado el \u00faltimo a las doce de la noche, m\u00e1s la parte directiva y administrativa del sindicato y de <em>El Productor<\/em>, peri\u00f3dico semanal de la organizaci\u00f3n. Le dije que en lo que pudiera serle \u00fatil me ten\u00eda a su disposici\u00f3n los d\u00edas que estuviese en la isla sin trabajo, especialmente por las noches. Y me ruega le pusiera en orden la documentaci\u00f3n del sindicato y le ayudase en el peri\u00f3dico. Resultando que, sin pretenderlo, me veo de nuevo cogido en las redes del movimiento en que hab\u00eda venido militando. Una tarde me dirig\u00eda al hotel, y veo entrar en una barber\u00eda pr\u00f3xima a mi paisano el sargento, que me encontr\u00e9 en el puerto de C\u00e1diz, acompa\u00f1ado de otro soldado. \u00c9l no me vio. Volv\u00ed a pensar en que deb\u00eda embarcar lo antes posible. As\u00ed se lo manifest\u00e9 a L\u00e1zaro Fuentes.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda tiene lugar un embarque de fuerzas para Marruecos, y el joven maestro escribi\u00f3 una cr\u00f3nica relacionada condicho embarque, que me la entreg\u00f3 para su publicaci\u00f3n en <em>El Productor.<\/em> Leo dicha cr\u00f3nica y le advierto que ca\u00eda dentro del C\u00f3digo de Justicia Militar, por lo que, al publicarse, corr\u00eda el peligro de ir a la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p>-Ll\u00e9vesela, y procure corregirla.<\/p>\n<p>Me la trajo de nuevo, sin haberle corregido nada, orden\u00e1ndome le metiese en el peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>-Bien\u2026 prep\u00e1rese para la vida de recluso \u2013le dije.<\/p>\n<p>Y, efectivamente, la tirada del peri\u00f3dico fue recogida por las autoridades militares, y don Jos\u00e9, el maestro, fue recluido en la c\u00e1rcel de Las Palmas de Gran Canaria, donde le pas\u00e9 varias visitas, en compa\u00f1\u00eda de su padre. El detenido, como su padre, me ruegan hacerme cargo igualmente de la escuela, tanto por inter\u00e9s de los alumnos, todos hijos de afiliados al sindicato de marinos, como para ellos, por cuanto la escuela representaba en aquellos momentos el \u00fanico medio de vida de la familia, a lo que, por razones de humanidad y de compa\u00f1erismo, no pude negarme.<\/p>\n<p>En <em>El tribuno<\/em>, de Las Palmas, \u00f3rgano de los republicanos de Lerroux, me publicaron un trabajo relacionado con esta detenci\u00f3n, que recuerdo titulaba, \u201cUn periodista a la c\u00e1rcel\u201d, que firmaba con el seud\u00f3nimo del \u201cEl Duende del Puerto de la Luz\u201d. Con el mismo seud\u00f3nimo hab\u00eda publicado algunos trabajos m\u00e1s en El Productor. Tengo confidencia que hab\u00eda personas interesadas en conocer la verdadera personalidad de \u201cEl Duende\u2026\u201d.Una noche llego al hotel, y don Vicente, el due\u00f1o, sonr\u00ede te, me invita a comer en su compa\u00f1\u00eda. Durante la comida, sol\u00eda mirarme sonriente, y me decido a preguntarle a qu\u00e9 se deb\u00eda su actitud.<\/p>\n<p>-A que he descubierto a \u201cEl Duende\u2026\u201d-me contesta.<\/p>\n<p>Pasamos unos momentos de \u00edntima y amena charla, y seguidamente me retiro al trabajo del \u00faltimo turno en la escuela, despu\u00e9s de haber grabado el sello de una amistad sincera con don Vicente, que me inform\u00f3 ser madrile\u00f1o, y de la escuela de Pablo Iglesias, y, por consiguiente, perteneciente al Partido Socialista espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Al camarada L\u00e1zaro Fuentes le manifest\u00e9 la imposibilidad de continuar en la isla en aquella situaci\u00f3n, sin un c\u00e9ntimo para hacer frete a mis necesidades, y expuesto cada vez m\u00e1s a ser identificado en cualquier momento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al fin, una madrugada de los primeros d\u00edas de enero de 1922, L\u00e1zaro Fuentes llama a las puertas del sindicato donde yo dorm\u00eda. Me levanto sin demora y me comunica que no pierda tiempo en prepararme para la marcha, que un barco sal\u00eda dentro de unos momentos para \u201cabajo\u201d; que har\u00eda escala en Buenos Aires, y era ocasi\u00f3n de marcharme, si realmente lo deseaba.<\/p>\n<p>-No hay tiempo que perder, vengo de abordo y todo lo he preparado- me dijo.<\/p>\n<p>Equipaje en mano, cierro la puerta y entrego la llave a mi compa\u00f1ero. En pocos minutos me encontraba en el hotel, comunic\u00e1ndole a don Vicente que en aquel momento part\u00eda para \u201cabajo\u201d, y que por favor no tardara en darme nota de mi cuenta.<\/p>\n<p>R\u00e1pido puso sobre el mostrador una caja de cigarros puros, y nueve monedas de plata de a cinco pesetas, que era la cantidad que ya le ten\u00eda entregada en cuenta de mi comida, y me dice:<\/p>\n<p>-Creo fue esta la cantidad que usted me estreg\u00f3, y que yo le devuelvo. Mas, aunque usted no fuma, esta caja de cigarros puros le ser\u00e1 \u00fatil en el viaje.<\/p>\n<p>Me marcho con L\u00e1zaro al puerto, y en una motonave me lleva a Bah\u00eda donde se encontraba el <em>Catalina, <\/em>de la compa\u00f1\u00eda Pinillo, un viejo armatoste, con el nombre de barco. Fue muy dif\u00edcil subir a cubierta, por unas cuerdas formando escalerilla, a causa del fort\u00edsimo temporal de Levante que corr\u00eda. L\u00e1zaro me present\u00f3 a un tripulante de dicho barco, con el que hab\u00eda convenido mi marcha, nos despedimos y se marcha a tierra. Mi protector me indica d\u00f3nde hab\u00eda de ponerme hasta que \u00e9l volviera de nuevo a verme, una vez que el barco se hubiese puesto en marcha. Le ofrezco unos cuantos cigarros puros que agradece y, por mi parte, se me ocurre encender uno. Momentos despu\u00e9s, se me arrima un viajero, que hab\u00eda entrado de \u201cpoliz\u00f3n\u201d, y se sienta a mi lado, al que le digo que deb\u00eda buscar d\u00f3nde esconderse. El temporal de Levante y el cigarro puro me pusieron tan borracho como si me hubiese bebido una cuba de vino; y en este estado se presenta de nuevo la polic\u00eda, pidi\u00e9ndome les mostrase mi pasaporte. Reaccion\u00e9 r\u00e1pido de forma en\u00e9rgica, y les dije que era la tercera vez que me ped\u00eda el pasaporte, y que hicieran el favor de no volver a molestarme m\u00e1s. La burda estratagema result\u00f3 bien; se marcharon dej\u00e1ndome luchando con el horrible mareo que sufr\u00eda.<\/p>\n<p>Momentos despu\u00e9s el Catalina leva anclas, y, en marcha Atl\u00e1ntico adelante, proa hacia la capital del Plata, y otros puertos de la Am\u00e9rica del Sur. El 8 de febrero de 1922 llegu\u00e9 a Buenos Aires, donde pas\u00e9 dos largos a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De la c\u00e1rcel al destierro Nos encontramos en el invierno de 1919. Me visita una delegaci\u00f3n de campesinas del vecino pueblo de El Arahal. Me informan de la situaci\u00f3n econ\u00f3mica y social en que viv\u00edan, y que deseaban constituirse en sociedad, a lo cual se opon\u00edan sistem\u00e1ticamente las autoridades locales, presionadas por la patronal. 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