{"id":77,"date":"2016-04-27T02:12:06","date_gmt":"2016-04-27T00:12:06","guid":{"rendered":"http:\/\/llefia.org\/blog\/albasocial1916\/?page_id=77"},"modified":"2016-04-27T02:12:06","modified_gmt":"2016-04-27T00:12:06","slug":"capitulo-3-a-la-vuelta-del-destierro","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/llefia.org\/wpalbasocial1916\/capitulo-3-a-la-vuelta-del-destierro\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo 3; A la vuelta del destierro."},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">En la tarde del 5 de junio de 1924, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Reina Victoria Eugenia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> pon\u00eda proa de regreso. R\u00edo de la Plata adelante, con espesa niebla, que dificultaba la navegaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">En la ma\u00f1ana del 22 de junio llegamos a Santa Cruz de Tenerife. No puede tener la satisfacci\u00f3n de tocar, en mi viaje de regreso, en Las Palmas de Gran Canaria, y saludar a los buenos amigos que all\u00ed me dej\u00e9.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Amanece el siguiente d\u00eda. Observo c\u00f3mo la nave <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Reina Victoria Eugenia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> se desliza majestuosamente a trav\u00e9s del Atl\u00e1ntico. A no menos velocidad marchaba mi pensamiento. Aquella carta de Madrid: \u201cTu arresto ha quedado sin efecto. Tu madre se encuentra muy enferma\u201d. Esto \u00faltimo me atormentaba en extremo. El sol desaparece en el horizonte, y antes de oscurecer se divisan las costas de C\u00e1diz, aunque remotas. Ya oscurecido, el Faro de Chipiona. Y a las diez de la noche del 23 de junio de 1924, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Reina Victoria Eugenia <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">atraca en su d\u00e1rsena del puerto de C\u00e1diz, y muchos pasajeros empezaban a desembarcar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Son las once de la noche. Me encontraba sobre cubierta, junto a mi equipaje. No pod\u00eda saber qu\u00e9 era lo que me pasaba. Me encontraba como inmovilizado por una fuerza extra\u00f1a que me aprisionaba. Y as\u00ed se pasaban los minutos, mirando al alumbrado del puerto, que se encontraba concurrido. Miro a mi derecha y veo a dos hombres que ven\u00edan recorriendo el puerto, mirando fijamente a cubierta, como buscando a alguien. No les ve\u00eda el rostro pero conoc\u00eda aquellos dos cuerpos, aunque se vistiesen de m\u00e1scaras. Se acercan, se quedan mir\u00e1ndome, y no me conocen.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-Tampoco es- manifiesta el m\u00e1s alto de ellos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-Ac\u00e9rquese el maestro capillita m\u00e1s a la luz- les digo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Entonces el m\u00e1s bajito abraz\u00f3 a su compa\u00f1ero y le grit\u00f3:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-\u00a1Si es tu hermano!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Cuando se serenaron, pregunt\u00e9:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-Paco, \u00bfqu\u00e9 hay de la enfermedad de mam\u00e1, y c\u00f3mo se encuentra?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-Mam\u00e1 est\u00e1 detr\u00e1s de esa barrera de agentes de orden p\u00fablico, con su hermana Ana, nuestra t\u00eda, que no la dejan pasar. Ya llevamos aqu\u00ed tres d\u00edas esper\u00e1ndote.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">No s\u00e9 c\u00f3mo se oper\u00f3 aquella r\u00e1pida transformaci\u00f3n en mi debilitado organismo. En pocos minutos me encontr\u00e9 en la aduana con el equipaje, y poco despu\u00e9s en la plaza de San Juan de Dios, sentado en la puerta de un bar, en compa\u00f1\u00eda de mi madre, mi t\u00eda Ana, mi hermano Paco, y los camaradas de C\u00e1diz, Jos\u00e9 Bonat y Juan Richarte. Otra vez C\u00e1diz, en la \u201ctacita de plata\u201d, con pies en tierra peninsular, respirando aire marinero\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Pas\u00e9 el resto de la noche en cama, como son\u00e1mbulo, sin poder disfrutar del sue\u00f1o reparador que mi d\u00e9bil organismo precisaba. Aquellas energ\u00edas se evaporaron, con la misma espontaneidad que vinieron, y tuve que permanecer tres d\u00edas m\u00e1s en C\u00e1diz, para mi marcha a Mor\u00f3n de la Frontera, lo que hice el d\u00eda 26, acompa\u00f1ado de mi madre, llegando por la noche a mi antiguo domicilio, en calle Hidalgo, n\u00famero 12.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Seguidamente de mi llegada, soy requerido para incorporarme a mi antiguo puesto de trabajo, lo que hice una semana despu\u00e9s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Pasan los d\u00edas, sin interrumpir mi asistencia al trabajo. El gobierno del general Primo de Rivera decreta una amnist\u00eda, \u00a0cuya fecha exacta no recuerdo; peri s\u00ed que aquellos que se encontrasen comprendidos en dicho decreto, y se hallasen en libertad, en el plazo de un mes ten\u00edan que presentarse a las autoridades judiciales en solicitud de que les fuesen aplicados dichos beneficios. Por mi parte permanec\u00ed indeciso, un tanto confuso, y sin tomar ninguna determinaci\u00f3n. Y en esta situaci\u00f3n se cumpli\u00f3 el plazo del mes, y m\u00e1s tiempo a\u00fan.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Seg\u00fan pude observar, se me hac\u00eda el honor de controlar todos mis movimientos, pues, seg\u00fan supon\u00edan los celosos guardadores del orden, este humilde mortal regresaba a Rusia, qui\u00e9n sabe con qu\u00e9 prop\u00f3sitos y consignas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">E plena jornada de trabajo, en la casa de campo que ocupaba, soy visitado, una vez m\u00e1s, por una pareja del benem\u00e9rito cuerpo de la guardia civil, que sin mostrar ninguna orden judicial proceden a efectuar un minucioso registro en mi residencia. Encuentran un rev\u00f3lver de fabricaci\u00f3n americana \u2013 menos mal que no era de fabricaci\u00f3n rusa- y, al no poder presentar licencia de armas, proceden a mi detenci\u00f3n y conducci\u00f3n al cuartel de la guardia civil, etc. Y nuevo proceso, por tenencia il\u00edcita de armas. Unos d\u00edas de c\u00e1rcel, y el juez decreta la libertad provisional.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">D\u00edas despu\u00e9s, al presentarme en el juzgado, se me comunica tener en Madrid una causa sentenciada, y encontrarme declarado en rebeld\u00eda, por lo que cualquier d\u00eda me detendr\u00edan. Manifiesto, por mi parte, haber sido informado de que dicho arresto hab\u00eda quedado sin efecto, por cuyo motivo no hab\u00eda solicitado los beneficios de la reciente amnist\u00eda. Y efectivamente, pocos d\u00edas despu\u00e9s, encontr\u00e1ndome trabajando, fui detenido y conducido a la prisi\u00f3n del partido judicial, y puesto a la disposici\u00f3n de la direcci\u00f3n general de penales, la cual, a finales de octubre, me destina a cumplir condena la prisi\u00f3n central del Puerto de Santa Mar\u00eda, en la provincia de C\u00e1diz.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Avanza el a\u00f1o 1925. Mi vida de recluso se desliza sin pena ni gloria, en aquel correccional, que yo mejor le llamar\u00eda \u201cescuela de la delincuencia\u201d, ya que nada corrige. La mayor\u00eda de aquellos que de forma accidental o fortuita han delinquido suelen salir, de estos llamados correccionales, licenciados en las artes de delinquir. Una muy peque\u00f1a minor\u00eda resultaban regenerados.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Por otra parte, hay algo de mayor gravedad en contra de estos hombres al ser licenciados, por cumplimiento de condenas o indultos: la sociedad suele incurrir en la crueldad de no acogerlos en su seno. Dif\u00edcilmente encuentran destino donde ganar el pan nuestro de cada d\u00eda, en la continua lucha por la vida. El abandono, el desprecio y la persecuci\u00f3n es lo que les espera, como hombres tarados por toda su vida, causa principal de que una mayor\u00eda reincidan una y otra vez. A mi juicio, el mal es profundamente humano y social, y como tal deb\u00eda ser tratado\u2026.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Ocho de la ma\u00f1ana del d\u00eda 22 de enero de 1926. El Plus-Ultra, pilotado por Ram\u00f3n Franco, inicia su hist\u00f3rico vuelo desde Palos de Moguer a trav\u00e9s del Atl\u00e1ntico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">De regreso a la pen\u00ednsula, el directorio militar que gobernaba, Espa\u00f1a, presidido por Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, ordena un homenaje oficial en favor de Ram\u00f3n Franco y sus compa\u00f1eros de vuelo. Al t\u00e9rmino de dicho homenaje, el general Primo de Rivera indica al aviador que pidiera como recompensa lo que deseara. Y el piloto del Plus-Ultra pidi\u00f3 una amnist\u00eda general para los presos y procesados por delitos pol\u00edticos y sociales, y un indulto paro los encartados en delitos comunes; gracia que le fue concedida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Una ma\u00f1ana el director, se\u00f1or Calleja, me comunica por medio de su ordenanza el decreto de amnist\u00eda, con el ruego de guardar silencio\u2026 Me dirijo a la barber\u00eda para que me afeiten. Mi barbero Antonio Caralt, joven catal\u00e1n, preso por asuntos \u201csociales\u201d me dej\u00f3 a medio afeitar, pues el ordenanza del director lo hab\u00eda comunicado a un amigo suyo, y \u00e9ste a toro y en pocos minutos, entre un ruido enorme, s\u00f3lo se escuchaban los gritos de \u201c\u00a1Indulto!\u201d y \u201c\u00a1Amnist\u00eda!\u201d. Me qued\u00e9 solo en la barber\u00eda y, navaja en mano, termin\u00e9 de afeitarme.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Las audiencias empiezan a revisar expedientes, y a aplicar los beneficios del indulto y amnist\u00eda. Y d\u00edas despu\u00e9s, en el primer tren de la ma\u00f1ana, part\u00eda para mi residencia familiar, dej\u00e1ndome a la izquierda el correccional, enclavado muy pr\u00f3ximo a la estaci\u00f3n del ferrocarril. Al ponerse el tren en marcha, de una de las ventanas de la prisi\u00f3n se agitaron unos pa\u00f1uelos blancos, en se\u00f1al de despedida, de un grupo de compa\u00f1eros, a los cuales correspond\u00ed. Y all\u00ed qued\u00f3 todo aquel complejo y misterioso mundo penitenciario.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">A pocas fechas de mi liberaci\u00f3n, empiezo de nuevo mi trabajo habitual. Pero los meses de vida penitenciaria hab\u00edan minado mi organismo, y ca\u00ed enfermo nuevamente restablecido, por razones de salud, econ\u00f3micas y del trabajo, establezco mi residencia a unos tres kil\u00f3metros de la poblaci\u00f3n, que pocas veces visitaba.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Aquella vida de aislamiento no iba bien a mi temperamento y a mi vocaci\u00f3n adquirida en las luchas sociales. El gobierno de la dictadura, preocupado por el problema social, pens\u00f3 en pactar con los dirigentes socialistas para resolverlo, sin conseguirlo. Y empez\u00f3 a crear los sindicatos verticales, que eran organismos dependientes de s\u00ed mismos, pero en funci\u00f3n de los intereses del Estado. Cierto amigo, productor agr\u00edcola, efecto a la organizaci\u00f3n sindical, pero extremadamente legalista, me habla un d\u00eda en la poblaci\u00f3n de la necesidad de constituirse en sindicato vertical, agreg\u00e1ndolo a la ley corporativa, y me presenta unos estatutos que le hab\u00edan escrito, m\u00e1s propios para una sociedad an\u00f3nima o mercantil, \u00a0que para un sindicato obrero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-No creo que debamos ni podamos hacer otra cosa. Los tiempos hay que aceptarlos tal como vienen, y ser realistas-me dice.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Brevemente, y entono amistoso, le manifest\u00e9 mi total desacuerdo en todo cuanto me hab\u00eda manifestado. Tomamos caf\u00e9, y nos separamos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Pasaron unos meses. Nos encontr\u00e1bamos ya en agosto de 1929. Y mi amigo Juan Guardado no hab\u00eda desistido de sus proyectos, y aprovech\u00f3 mi ausencia para ponerlo en pr\u00e1ctica, como por sorpresa, y presentar despu\u00e9s el hecho consumado\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Un d\u00eda tengo informes de que por la noche se celebrar\u00eda reuni\u00f3n para la constituci\u00f3n del Sindicato Obrero de Campesinos y Oficios Varios. Me presento en dicha reuni\u00f3n; adquiero el carnet, y observo cierta inquietud en el amigo Guardado, temeroso de fracasar en sus prop\u00f3sitos. Cando \u00e9ste expuso la orientaci\u00f3n que deber\u00eda seguir aquel nuevo sindicato, que sin demora tramitar\u00eda su ingreso en la Ley de Corporativa, como sindicato vertical, para lo cual cre\u00eda contar con la confianza y conformidad de la mayor\u00eda de los reunidos, intervengo y expongo:<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-El camarada Juan Guardado es hombre que obra en todo momento de buena fe. Pero, por temperamento y educaci\u00f3n, servir\u00eda mejor como funcionario de Estado, que como dirigente de un sindicato obrero. Los obreros moronenses, los de Andaluc\u00eda y los de Espa\u00f1a en general, no estamos educados en estos flamantes sindicatos verticales creados por la dictadura, cuyos poderes parten de arriba abajo; y en la escuela social en que estamos educados, el poder parte en sentido inverso, o sea, de abajo arriba, de la voluntad expresa de la mayor\u00eda, libremente manifestada, en el seno de sus sindicatos. Creo de buen sentido abandonar la idea de adherirse a la Ley Corporativa, y proceder en esta mismo reuni\u00f3n al nombramiento de un delegado, que con car\u00e1cter informativo nos represente en Congreso Regional Sindical convocado por la CNT, para los primeros d\u00edas del pr\u00f3ximo septiembre, en la capital de provincia. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Sin discusi\u00f3n alguna, y ning\u00fan voto en contra, as\u00ed se acuerda, recayendo el nombramiento en el que suscribe.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Regreso del Congreso Regional Sindical mencionado. En asamblea general del sindicato, informo del desarrollo y acuerdos de dicho comicio, y, con dicha fecha, el sindicato, reorganizado, ingresa de nuevo en la Confederaci\u00f3n Regional, siguiendo as\u00ed su orientaci\u00f3n y tradici\u00f3n hist\u00f3ricas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Se sucede un nuevo per\u00edodo de reorganizaci\u00f3n sindical en nuestra regi\u00f3n, al igual que en las dem\u00e1s regiones espa\u00f1olas, a la vez que se debilitaba el poder de la dictadura.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">A comienzos de 1931 enfermo de gripe, de extremada gravedad. Pero no hab\u00eda llegado la hora de entregar mi alma al diablo, y despu\u00e9s de luchar unos dos meses entre la vida y la muerte, la enfermedad hizo crisis, y pude sobrevivir; nunca me hab\u00eda encontrado tan enfermo como entonces.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Durante mi enfermedad, hab\u00eda sido visitado de continuo por \u00edntimos amigos y compa\u00f1eros, sinceramente interesados por mi estado de salud, y por conocer mis pensamientos en relaci\u00f3n a la cr\u00edtica situaci\u00f3n pol\u00edtica y social de aquello dif\u00edciles momentos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Ya hac\u00eda unos d\u00edas que, en las primeras horas de la ma\u00f1ana, apoyado sobre el bast\u00f3n, sol\u00eda pasar algunos ratos en una plaza cubierta de flores, pr\u00f3xima a mi domicilio. Era ya el 12 de abril de 1931. Me encontraba sentado en un banco pr\u00f3ximo a unos rosales, cuando llega un amigo, industrial, residente en esta plaza, hombre culto y de temperamento din\u00e1mico, catal\u00e1n, que respond\u00eda al nombre de Jos\u00e9 Margalef, que pretend\u00eda llegar a ver c\u00f3mo me encontraba, y me invitaba a caf\u00e9, en un establecimiento pr\u00f3ximo. Ten\u00eda buena dial\u00e9ctica, y charlaba a placer. Y al ver que me limitaba a escucharle, me dice:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-Por lo que veo, sigues practicando tu m\u00e9todo habitual, de o\u00edr, ver y callar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">&#8211; Puede que tengas raz\u00f3n. No tengo el h\u00e1bito de hablar m\u00e1s que lo estrictamente necesario. Mas, me encuentro convaleciente, y tengo el deber de conservar energ\u00edas\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-Total, que nada tienes que decirme.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">&#8211; Pues ver\u00e1s. De madrugada he tenido un curioso sue\u00f1o, que en cualquier momento pudiera resultar realidad. He so\u00f1ado, concretamente, que la campa\u00f1a de los intelectuales espa\u00f1oles, y como consecuencia del resultado de las urnas, hab\u00eda culminado en la redici\u00f3n de las instituciones mon\u00e1rquicas, y pac\u00edficamente se hab\u00eda decidido proclamar la segunda rep\u00fablica espa\u00f1ola\u2026<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Ya en la tarde del 14 de abril, los partes daban a conocer el cambio de r\u00e9gimen. El pueblo se lanza a la calle en manifestaci\u00f3n jubilosa. Margalef, acompa\u00f1ado de varios amigos, llega presuroso a darme las noticias de los acontecimientos. Hab\u00eda perdido una alpargata en la calle. Por mi parte, no hab\u00eda pronunciado palabra. Y el catal\u00e1n, al observarme cierto gesto de preocupaci\u00f3n, pregunta:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-\u00bfNo te emocionas? \u00bfNo dices nada?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">-S\u00ed. Que ya hoy tenemos rep\u00fablica\u2026 Ma\u00f1ana ya veremos lo que tenemos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Y silenciosos se marcha menos jubilosos que llegaron\u2026<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; En la tarde del 5 de junio de 1924, el Reina Victoria Eugenia pon\u00eda proa de regreso. R\u00edo de la Plata adelante, con espesa niebla, que dificultaba la navegaci\u00f3n. En la ma\u00f1ana del 22 de junio llegamos a Santa Cruz de Tenerife. 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